Rodeo Alto

La posición de Manuel Gutiérrez de la Concha, integrado en la élite militar-política le proporcionó un conocimiento privilegiado de las expectativas económicas, y ello pudo incentivarlo a emprender la aventura empresarial. Empeñó su gran capacidad de trabajo en la creación de una explotación agroindustrial, que pretendió ejemplar, en el contexto de un mercado en expansión como era el azucarero, a mediados del siglo XIX. Elegido el lugar idóneo en la costa occidental malagueña

Desde el año 1857, pero sobre todo entre 1858 y 1860, adquirió numerosas fincas en los municipios de Marbella, Benahavís y Estepona, destacando por su extensión y valor las compradas al conde de Luque, cuyos antepasados ostentaron el señorío de Benahavís. En total cerca de 5.000 hectáreas.

Las tierras eran fértiles, el clima apropiado y el agua abundante, con tres cursos de agua principales: los ríos Guadaiza, Guadalmina y Guadalmansa Pero siendo necesario mejorar las infraestructuras, hubo que habilitar carriles y acequias, desecar zonas encharcadas, roturar tierras y abonarlas, por lo que el marqués del Duero invirtió importantes sumas de dinero, empeñado además en la aplicación de novedosos sistemas de análisis de tierra, abonado, selección de semilla, empleo de maquinaria, y todo lo que supusiera una mejora en el rendimiento agrario.

Las fincas adquiridas se agruparon en una sola, con el nombre de Colonia de San Pedro Alcántara, y aunque no reunía las condiciones exigidas por la normativa legal, una Real Orden de 26 de marzo de 1867 le permitió acogerse a las ventajas de las leyes de colonización de 1866, que suponía descuentos en la contribución, liberación del servicio militar para los colonos, permiso de armas, etc.

La dificultad para el transporte de la caña de azúcar, sumado a la necesidad de que se moliera pronto para que perdiera el menos jugo posible, hizo que el marqués del Duero se planteara la construcción de un complejo fabril para completar el proceso agroindustrial.

El edificio, la maquinaria, el personal, supusieron un nuevo esfuerzo financiero por lo que los nuevos préstamos incrementaron la frágil economía de la Colonia, en un periodo en que España sufrió graves crisis, como la económica de 1866 o la política de 1868. A pesar de todo, la fábrica se inauguró en mayo de 1871, recibiendo el nombre de «El Ángel».

A finales de ese mismo año de 1871 murió la marquesa del Duero. El inventario de bienes reflejaba un activo de cerca de 49 millones de reales y un pasivo de 12,5 millones, la mayor parte préstamos hipotecarios, entre ellos 8,5 millones a Joaquín de la Gándara Navarro y Luis de Cuadra y González de la Rasilla. Ante la imposibilidad del pago de los préstamos, Gutiérrez de la Concha cedió la Colonia a su hija, que la vendió el 14 de octubre de 1873, por 10.388.000 reales a De la Gándara y De Cuadra, recibiendo de éstos 1.800.000 reales, pues el resto era la cantidad que se le debía.

La muerte de su esposa y la pérdida de la Colonia marcaron los últimos años de vida de Manuel de la Concha. Considerado uno de los militares de mayor prestigio, fue nombrado general en jefe del Ejército del Norte en la Tercera Guerra Carlista. Tras la triunfal entrada en Bilbao junto con el general Francisco Serrano y Domínguez, presidente de la I República, el marqués del Duero desoyó las presiones para proclamar rey al exiliado Alfonso XII. Antes pretendía conquistar la capital carlista, Estella, pero en las operaciones preliminares una bala se cruzó en su camino, el 27 de junio de 1874, su muerte provocó una desbandada entre las filas de su ejército.

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