Plano del conjunto de la fábrica azucarera de San Pedro Alcántara, que incluía una alcoholera y otras instalaciones complementarias, cuya trama urbana se conserva en parte en el actual barrio de El Ingenio, que con el tiempo daría lugar a las calles principales: Julio Romero de Torres y José Echegaray, observándose en el dibujo dos hileras de casas en cada una de ellas.

El plano está fechado en 1902, un año antes de la venta del complejo industrial a la Sociedad General Azucarera de España, por parte de la Sociedad Colonia de San Pedro Alcántara, que a su vez la había adquirido a la Société Sucrière de la Colonie de San Pedro Alcántara en 1901.

La explicación de los números y letras del plano (traducida del francés), con la superficie ocupada por cada elemento, la transcribimos a continuación:


Para más información puede verse la tesis de José L. Casado Bellagarza, La colonia agrícola de San Pedro Alcántara. 1857-1910, disponible en Internet.

Una versión de la misma está en proceso de edición por la Universidad de Málaga.

La compañía nacional Sociedad General Azucarera de España adquirió en 1903 la fábrica de azúcar de San Pedro Alcántara y en 1910 el resto de la colonia. El azúcar obtenido en nuestro país procedía de la remolacha y de la caña, según el territorio donde estaban ubicadas las fábricas.

Estas dos plantas se reproducen en el envase que reproducimos, con algunas variaciones en el tamaño y los dibujos, el cual se empleaba para envolver el azúcar destinado al servicio de cafés y otros establecimientos públicos.

Además de la cajita que hemos enviado a los socios de San Pedro Alcántara 1860, quienes quieran pueden adquirir una copia en la Papelería Cálamo (calle Jerez).

Os deseamos unas Felices Fiestas y un Venturoso Año 2018.

 

Autor: Viejo Pérez

«Mis paseos por la Marbella de todos los tiempos»

VII. Por la paradisiaca vega del marqués

Un desayuno que se precie debe contener un buen zumo de cítricos del Ángel, con su naranja y su pomelo. El nuestro lo incluye y nos lo tomamos en la relajante piscina «del Rodeo» antes de iniciar nuestro séptimo paseo atemporal, en este caso por el espacio sampedreño –ahora que parece tomar decisiones importantes y cobrar mayor protagonismo que en otro tiempo—.

Después del aporte de vitamina C, partimos hacia poniente sin acelerarnos en el tiempo, despacito, contemplando el paisaje. Paramos antes de entrar al pueblo, en «el Cortijo Blanco». Desde aquí alcanzamos a observar como las sampedreñas recolectan con sus manos el algodón de su vega a la vez que canturrean aquella antigua coplilla que decía: “Anda, ve y dile a Mahoma / –agüita del mar de enfrente— / que no busque el Paraíso, / porque el Paraíso es éste”. Algunos entendidos han publicado que fue por ello por lo que don Manuel Gutiérrez de la Concha e Irigoyen descubrió el «Jardín del Edén» entre los ríos Gaudaiza y Guadalmina, donde soñó con el progreso y la innovación antes de perder la vida en la batalla.

Desde el amanecer sampedreño admiramos su «Trapiche de Guadaiza», su «Granja-Escuela» y su «Chambao»; y lo bien que ha “quedao” una vez “rehabilitao” –que lo mismo miramos para atrás que para adelante—. También oímos, a lo lejos, el sonido del silbato de don Antonio Maíz –que también llegó en su seiscientos—, árbitro del partido entre el «Terror» y el «Venero» –que todo es posible en el túnel del tiempo—.

Ahora, realizamos la parada obligatoria a la entrada de San Pedro, en el kiosco de los Gambero que, en los atardeceres de este pueblo, se transforma en el «Bar Málaga». Aquí nos tomamos «un cubata libertario» porque nos ha dicho don José Castellano –en «Mi infancia en San Pedro»— que el café tardan un día en ponerlo.

Ya estamos en «la calle de en medio» ante sus ausentes palmeras. Nos llama la atención que Juan Jiménez –pretendido torero y gran emprendedor— no tenga el reconocimiento de su pueblo; sírvanos el rótulo de su tienda de muebles y electrodomésticos –la mayor de la Costa del Sol durante mucho tiempo— de merecida placa honorífica.

Seguimos por Marqués del Duero arriba hasta llegar a la plaza de la Iglesia donde aparcamos el “símbolo de una época” que nos transporta a todas ellas. En la plaza no hay un alma, solo la «Síntesis» de Espona –que espera su desahucio— y la iglesia –que le costó trece mil duros al señor marqués—. Y, es que los colonos y colonas abarrotan el interior de la parroquia para asistir a la lectura del testamento de doña Petra, la madre de don Manuel. Actúan de albaceas lectoras, cuatro hermosas damas; Silvia, María Luisa, Mari Carmen y Curri –se llaman—.

Por la calle Lagasca nos sorprende la procesión de su franciscano patrón, San Pedro de Alcántara. Seguimos por Revilla hasta el lavadero público y haciendo la rotonda de José Agüera, por «el camino de Ronda», iniciamos la subida hacia Alcuzcuz –aunque no es San José ni nos esperaran los Parladé—.

Tras descansar en la venta, y después de comernos la caza, el agua fresca del «Ingenio» nos sentó de maravilla. Seguidamente, visitamos «la Alcoholera», donde degustamos su espléndido moscatel; la tumba de la dulce Firmana, muerta “el día de las Calendas de Febrero, Martes” y enterrada, aunque era cristiana, en el «Cementerio de los Moros», espacio que, por cierto, ejerce de «play boy» desde el anochecer al alba. Espacio que, aunque oculto en el tiempo, ha permaneció después de que le pasaran por encima, al menos, un tsunami y las máquinas del Ayuntamiento –¿o quizá eran de la Tenencia de Alcaldía?—. Y con esta «linda vista» grabada en nuestras retinas, por orden del «magistrado de Salduba» –la ciudad expoliada— en la urbanización de los Mackintosh echamos «el Ancla» y nos pegamos un baño en su piscina salada, porque las termas ya están cerradas.

Más tarde nos encomendamos a la patrona de los artesanos, la diosa de la sabiduría, las artes y las técnicas de la guerra –tal vez el general aprendiese de ella—; pues, desde siempre, es Minerva la protectora de esta divina vega –como lo es de Roma—. A la caída del sol, abriéndonos paso entre «la cañadú», llegamos a la «Hacienda Guadalmina» para pernoctar en su hotel y, no sin antes de irnos a la cama, visitar sus porquerizas –decana de los campos de golf de nuestro territorio.

 

Nota del coordinador del blog:

Con permiso de Viejo Pérez, seudónimo de alguien que publica en Facebook sobre temas de Marbella, reproducimos su relato en el que enlaza con grandes dosis de conocimiento y pizcas de humor y crítica, el pasado y presente de San Pedro Alcántara. Gracias por hacernos partícipe de este paseo, caballero… o señora.

 

Con el Concierto de Villancicos que ofreció la coral Magnum Mysterium de Estepona, en el Trapiche de Guadaiza el pasado 22 de diciembre, cerró sus actividades de 2015 la Asociación San Pedro Alcántara 1860.

Con esta imagen quiero felicitar la entrada del año a los seguidores del blog y anunciarles que después de un largo parón mi intención es reanudar la actividad en el mismo. Ya se sabe de las buenas intenciones que hacemos todos durante estas fechas.