Ricardo Soriano, promotor del Hotel El Rodeo en la década de 1940 y uno de los pioneros de la Marbella turística, fue detenido en San Sebastián el 25 de marzo de 1936 en relación al atentado cometido el 12 de ese mes por falangistas contra Luis Jiménez de Asúa, uno de los penalistas más destacados del siglo XX, diputado del PSOE y vicepresidente del Congreso. Según los periódicos de esos días, se le acusaba de prestar su avioneta para que algunos de los implicados en el ataque escaparan a Francia. Conducido a Madrid, Soriano fue puesto en libertad el día 27.
Antonio Rivero (2019), en “El ausente. La novela de José Antonio Primo de Rivera”, donde narra los tres últimos años de vida del fundador de la Falange, recrea una conversación de Ricardo Soriano con Juan Antonio de Ansaldo, “rico aviador y playboy” (Preston, 2013 y 2019) —en esto coinciden los dos interlocutores—. Ansaldo, organizador de las escuadras terroristas Falanges de Sangre, le pide a Soriano su avioneta para huir a Francia con algunos de los participantes en el atentado, que si bien no logró el objetivo de asesinar al diputado socialista acabó con la vida del policía de escolta.
Este apoyo del reconocido e ilustre vecino de Marbella a los conspiradores en el golpe de estado del 18 de julio contra el Gobierno republicano no es novedosa. Ya Ana María Mata (2005), en su novela biográfica “Un hombre para una ciudad. Ricardo Soriano”, indicaba que se alineó con los sublevados debido a sus intereses económicos, así puso sus aviones a disposición de los franquistas en el frente del Norte, a cambio cuando acabó la guerra recibió el reconocimiento de los vencedores.
De todas formas, no resulta extraño que Soriano, como terrateniente y millonario, estuviera entre los elementos derechistas que apoyaron la sublevación militar. Además, como noble, el marqués de Ivanrey coincidía en estatus con el jefe supremo de los falangistas, ya que Primo de Rivera era marqués de Estella. Nombre actual de una calle de San Pedro Alcántara, algo inexplicable después de más de cuarenta años de democracia y de la promulgación de diversas normas sobre Memoria Histórica.

Subasta solidaria de una hoja de papel de carta, auténtica (no es fotocopia), del Hotel El Rodeo, fundado en 1947 por Ricardo Soriano, marqués de Ivanrey, uno de los pioneros de la Costa del Sol. Establecimiento caracterizado por su distribución en baja altura, bungalows.

Presenta ilustraciones a todo color: un membrete con un mapa de situación en la parte superior y banderas con las actividades que se ofrecen al turista en el lado izquierdo. Su tamaño es de 21,5 X 27,6 cm, de color amarillento y con una franja decolorada en la parte inferior.

Las pujas comenzarán el 21 de diciembre a las 10 horas y terminarán a las 22 horas del viernes 26 de diciembre. Se efectuarán únicamente por el grupo de Facebook “No eres de San Pedro si…”.

La cantidad recaudada irá destinada a la Asociación “Amanecer en la Colonia”, colaboradora de las Cáritas de San Pedro Alcántara.

Textos de las banderas:
Pesca deportiva y submarina.
Motonáutica, vela y remo.
Natación y baños solares.
Caza mayor y menor.
Excursiones y montañismo.
Albergues, restaurante, bar.
Teatro cine del Rodeo.

Junto a la Tenencia de Alcaldía se encontraba esta escultura de Enrique Ramos Guerra, polifacético artista sevillano, pintor, grabador, escultor, cuya obra se muestra en diversas ciudades. La figura incompleta, a la que faltan cabeza, brazo y pierna, podría representar, como indica un crítico de su obra, su obsesión por la esencia de la persona, la lucha por la libertad y la angustia ante lo desconocido.

La escultura de Enrique Ramos se retiró de su ubicación hace más de un año, en el transcurso de la remodelación de la plaza de la Iglesia.

Desde aquí pedimos que se reintegre a su lugar o a otro, donde puede lucir adecuadamente, y no como ha ocurrido, por ejemplo con la Síntesis de San Pedro de Alcántara,  que se colocó en una rotonda con mucho tráfico que impide su correcta visión.

En la construcción urbana actual se destruye la vegetación para añadir elementos artificiales como solución de sombreado, sobre todo pérgolas, cuyo resultado no resulta satisfactorio para el ciudadano.

Con esta idea comienza Irene Corroto Blázquez su trabajo “Arquitectura desnaturalizada. La nueva era de la construcción urbana” (diciembre 2018), para la asignatura de Teoría e Historia del Diseño, que cursa en la Escuela Superior de Diseño de Madrid. Y como sampedreña expone diversos ejemplos de los proyectos de estética neutra que se han desarrollado en su pueblo durante los últimos años.

“Una estética muy alejada de la identidad local, convirtiendo cada zona en un paisaje neutro sin ninguna emoción, y anulando la cultura histórica de una colonia agrícola andaluza que, aunque haya crecido, no tiene por qué acabar borrando su origen, que resulta tan atractivo para los turistas que llegan a la Costa del Sol, y que no cogen un vuelo hacia el sur Mediterráneo para llegar a una plaza que tenga unas características semejantes a una de Berlín”.

Así refiere Irene Corroto una degradación del paisaje urbano, que ha originado espacios muy amplios con ausencia casi total de arboleda, como el kilométrico bulevar, salpicado de escasas manchas verdes.

De igual modo, llama la atención sobre lugares que han ido perdiendo personalidad histórica. Como la plaza de la Iglesia con la destrucción de los antiguos jardines y las casas de Robledano y de Dependientes, en la década de 1990, y en estos momentos con una nueva remodelación, que se aleja de los rasgos arquitectónicas del sur de España, todo un rechazo a la propia cultura.

También enumera la pérdida de jardines en la plaza José Agüera y especialmente al final de la calle Marqués del Duero, primero con la construcción del aparcamiento subterráneo que originó la pérdida de palmera, extinción de ejemplares que aumentó con la falta de tratamiento contra el picudo rojo, y que ha terminado con la remodelación de la zona ajardinada de entrada a la ciudad, para igualarla con la estética del bulevar, que algunos de los entrevistados en el trabajo de Irene Corroto, describen como una zona con falta de vegetación, moderna y fría; en definitiva, antinatural.

 

 

 

Ahora que la finca de La Caridad, procedente de los bienes incautados a quien fue asesor principal de Urbanismo del Ayuntamiento de Marbella, Juan Antonio Roca, situada en la ribera derecha del río Guadaiza, ha pasado a ser propiedad del municipio, y se proyecta convertirla en equipamiento público, al parecer deportivo, no estaría de más que se pudiera completar con otras funciones. Los aproximadamente 80.000 metros cuadrados de terreno y 2.000 de edificio dan para mucho.

Por ejemplo: depósito y sala de exposiciones temporales con fondos municipales, (el ayuntamiento dispone de una amplia colección de obras de arte, de la extinta Bienal entre otras procedencias), o de artistas de la comarca, o colaboraciones con entidades provinciales.

También se podría dedicar a biblioteca y centro de documentación especializado de la historia local: ferrerías, azucareras, minería. Hasta llegar al turismo, que por actual se le dedica poca atención como objeto histórico.

Incluso a un centro de memoria, de como el gilismo corrompió no sólo a unos cuantos sino éticamente a una mayoría de la sociedad. Y del cual la finca de La Caridad es una pequeña muestra de lo permitido y saqueado.

Las fotografías que acompañan este post proceden de un libro-catálogo, titulado “Marqués de Velilla”, nombre de la yeguada de Roca, aunque su nombre no aparece para nada en la publicación.

El lujoso ejemplar, editado en español e inglés (no en vano poseía una sucursal en California de 600 hectáreas), además de la relación de caballos de pura raza con su genealogía y su amplio listado de premios, permite contemplar a los empleados perfectamente uniformados, en instalaciones veterinarias modélicas o copulando a orillas del mar, todo un símbolo de poder.

También, en páginas desplegables a todo color, numerosas fotografías nos muestran el exterior de la propiedad y el interior, que incluye una capilla y otras antigüedades, además de una especie de museo con una fastuosa colección de carruajes.

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