Algunos vecinos recuerdan la plaza con el nombre de la Fuente por la situada allí, en algunos momentos la única del pueblo. Sin embargo, la denominación oficial es plaza de la Iglesia. Y es que el templo erigido en su lateral oeste era, y sigue siendo, el edificio más imponente de la misma, símbolo del poder religioso y de las ideas moralizantes con las que pretendía impregnar el marqués del Duero la marcha de su colonia desde los inicios.

La bendición y apertura al culto del templo se produjo el domingo 22 de agosto de 1869, según comunicaba Ángel María Chacón a Manuel Gutiérrez de la Concha, expresándole su satisfacción por el acontecimiento:

Hoy he tenido un día muy agradable, porque cuando me confió usted la Administración de la Colonia concebí tres pensamientos: constituir el gran centro productor a que usted aspiraba; garantizar para la industria esta producción; e inaugurar la iglesia proyectada para reconcentración de las costumbres morales del nuevo pueblo agrícola e industrial.

Estas ideas del administrador principal, que compartiría sin duda con el marqués del Duero, nos indica lo que San Pedro Alcántara significaba para el fundador y sus colaboradores más directos, algo más que un simple establecimiento agrícola e industrial, esto es una nueva población en la cual al bienestar material de sus habitantes debía sumarse el espiritual, impregnado de un claro sentido paternalista.

Para inaugurar la iglesia fue necesario sacar del edificio una serie de objetos que se almacenaban en su interior: aperos, sacos de abono mineral y el taller de carpintería que incluía una máquina de aserrar madera. Motivado por la falta de espacio para los materiales, los animales y los hombres, a pesar de la afanosa construcción de nuevas viviendas, almacenes y tinados. No está de más recordar que ese año mismo año de 1869 se finalizó la Casa de Dependientes, debido a la notable afluencia de colonos que llegaban deseosos de incorporarse al proyecto sampedreño; situada frente a la iglesia, se conoció popularmente con el nombre de Casillas Nuevas, por desgracia hoy ha desaparecido.

En línea con lo que exigía el militar promotor, todo debía organizarse con meticulosidad, y con el fin de dotar a la colonia con instituciones propias, al año siguiente de abrir el templo, concretamente el 19 de octubre de 1870, se hacía entrega al nuevo administrador, Fernando Rosado Guzmán, nombrado mayordomo de la Cofradía de San Pedro de Alcántara —la cual se puede considerar como antecedente de la actual Hermandad— de los enseres de culto, y se especificaban en el acta de entrega algunas normas de funcionamiento, como la libra de cera mensual que debían aportar los diez colonos que tenían tienda. Al mismo tiempo se cedían las imágenes que se veneraban en la iglesia, entre ellas la que representaba al patrón, una notable talla donada por las monjas Catalinas de Málaga.

En cuanto a la tipología del templo encaja en una arquitectura colonial, quizá recordando el origen americano de Manuel Gutiérrez de la Concha. Destaca su fachada de entrada, situada en la parte opuesta al altar mayor, compuesta de un triple pórtico en la planta baja, con arcos de medio punto que se corresponde con la nave central, mientras que los dos espacios contiguos lo hacen con las naves laterales. La torre, levantada en el eje central de la fachada, tiene forma prismática y con tejado a cuatro aguas, dispone de arcos de medio punto en cada uno de los frentes, dejando ver las campanas. Este conjunto de torre pórtico, queda elevado en relación al nivel de la plaza a través de una corta y amplia escalinata. En el interior la nave central está cubierta con una bóveda de medio cañón, mientras que las laterales lo hacen con bóvedas de arista. Por su parte, la capilla mayor desarrolla un espacio en ábside y está cubierta con una bóveda semiesférica, mientras que en el lado opuesto existe un pequeño coro en altura.

Ha transcurrido siglo y medio de fe religiosa, desde que en 1869 se bendijera la iglesia en honor a san Pedro de Alcántara. Y siglo y medio de otra fe, en la capacidad del hombre, desde que Manuel de la Concha fue adquiriendo las fincas que conformaron la colonia. Creencia en el propio esfuerzo y en el de los hombres y mujeres que llegaron para poblar este territorio. Virtud y trabajo, como indica el lema del escudo de la colonia.

Esta fe sampedreña, la divina y la humana, múltiple y heterogénea como los lugares de procedencia de los habitantes del lugar, se ha mantenido con el transcurrir del tiempo, a pesar de inconvenientes de todo tipo. Esa convicción en las propias posibilidades, en la historia común, en la historia que se escribe día a día, con el ejemplo de los vecinos más nobles, los que son y los que fueron. Esa perseverancia identifica a San Pedro Alcántara como pueblo.

Publicado en el programa de la Feria y Fiestas de San Pedro Alcántara 2016


El embalse del Capitán reventó a causa de una tormenta en 1888, ahora se le conoce como el Pantano Roto. Según José Luis Casado (2018), El azúcar como origen. La colonia de San Pedro Alcántara (Málaga), 1860-1910, página 187.

Sobre el embalse del Capitán sabemos que era el más antiguo y de mayor capacidad de la colonia de San Pedro Alcántara, 400.000 metros cúbicos. Se construyó en el arroyo del Capitán, afluente del del Chopo, según una primera información que tenemos del año 1881 y que consta como el único gran embalse construido aparte de presas menores en otros cursos de agua.
Reventó el 5 de septiembre de 1888, debido a las fuertes lluvias que durante algunos días produjeron grandes daños en la comarca y en el resto de Andalucía, y que en San Pedro Alcántara se cobró dos víctimas mortales causadas por un rayo en el cortijo de Las Medranas ese mismo día
Las pérdidas en cultivos y animales causados por la rotura de la presa, cuyas ruinas y entorno se conoce en la actualidad como Pantano Roto, fueron cuantiosas, según el relato del periódico “La Unión Mercantil”:
“…desde el Arroyo del Chopo hasta el mar, o sea sobre un espacio de más de tres kilómetros, la vega había desaparecido por completo, así como la caña, maíces y demás frutos de verano de que se hallaba sembrada.
Las pérdidas se evalúan en más de 30.000 duros [150.000 pesetas], habiendo perecido 150 cabezas de ganado cabrío, 10 de cerdos (sic) y 4 de vacuno.”

El periódico San Pedro Información ( páginas 12 y 13 de enero 2017), recuerdaba la historia de éste y otros embalses de las colonias de San Pedro Alcántara y El Ángel al mismo tiempo que alertaba sobre la falta de control en las presas y sus posibles fatales consecuencias.

Las fotos siguientes fueron tomadas por Juan Andrés Gómez Duarte, septiembre de 2020. Unos años antes, en el transcurso de las obras de la autopista de peaje cercana se derribó parte del muro de la presa.

La caña obtenida en las primeras cosechas de la colonia de San Pedro Alcántara se vendía a fabricantes de la capital malagueña, pero el objetivo del fundador, Manuel Gutiérrez de la Concha, era construir un establecimiento industrial para lograr un mayor rendimiento económico. En mayo de 1871 se hizo realidad la apertura de la fábrica en un lugar estratégico, al borde de la carretera Málaga-Cádiz, y situada a un kilómetro del caserío, para evitar molestias a sus habitantes, ahora llamado barrio de El Ingenio y antes de La Azucarera.

En él se sitúan algunos edificios del antiguo complejo fabril, hoy ejemplos de un patrimonio industrial digno de conservar y difundir. El más relevante es, sin duda, el que albergó la fábrica de alcohol, adquirido por el Ayuntamiento a petición de la Asociación de Vecinos Julio Romero de Torres en 1983, aunque el uso inicial de museo que se pretendió no se llevó a cabo, y se dedicó a uso escénico.

Las alcoholeras son complementos indispensables de las azucareras, ya que la melaza, líquido sobrante tras la obtención del azúcar, se puede convertir en alcohol y lograr diversos productos como aguardiente u otros licores, y desnaturalizado puede tener distintos usos en la industria química o farmacéutica.

Esto ocurrió en la azucarera de San Pedro Alcántara, y como en el resto de ellas con el paso del tiempo se remodelaron para adaptarlas a nuevos usos (molienda de caña o de remolacha), modernas tecnologías y cambiantes demandas, ampliando o añadiendo edificios a los originales.

De este modo, y con la dificultad añadida de rastrear en la dispersa documentación existente, conocemos que en los primeros tiempos existía una destilería y una fábrica de aguardiente, y conforme cambió la propiedad del establecimiento se reformó hasta llegar a la definitiva en 1917, como aparece en la fotografía que acompañan estas líneas.

Poco antes, en 1913, la alcoholera registraba una superficie de 1.808 metros cuadrados, de los cuales 680 lo ocupaban los edificios: la torre, que contenía en varias plantas los aparatos de destilación y rectificación, además de los depósitos y la báscula para la melaza, mientras que la nave rectangular adosada se dedicaba a sala de fermentación, aparte existían una sala de máquinas y un local para la venta directa.

Al menos funcionó hasta 1934, más allá del cierre de la azucarera acaecido en 1915. Además de aguardiente de caña, el empleo de aparatos destiladores de hasta 6.500 litros permitía obtener alcohol de hasta 97 grados, e incluso se mezcló con gasolina para fabricar un líquido sustituto de ella.

En la actualidad la torre, de planta cuadrada, mide 10 metros de lado y tiene una altura interior de 15,50 metros, distribuida en tres niveles, con una estructura metálica roblonada (clavos de remache en vez de tornillos). El entramado que soporta la cubierta, de teja plana alicantina, es una estructura de madera formada por cerchas con tirante metálico. En la fachada tiene una cenefa de azulejos con motivos geométricos en blanco y azul, y en relieve sobre un ladrillo en forma de rombo se superpone un cuadrado con las letras SPA entrecruzadas, un logotipo común en otros elementos de la colonia.

Por último, la azotea presenta una forma muy original, con una balaustrada en forma almenada. Desde ella se divisa, además del pueblo de San Pedro Alcántara, las montañas Penibéticas al norte y el mar Mediterráneo al sur. Y si cerramos los ojos, podemos ver 150 años atrás los campos cubiertos de verdes cañamelares, y el trajín de las mercancías por el rectilíneo carril que desemboca en la playa, vagonetas repletas de sacos de azúcar para ser embarcadas en veleros, mientras otros barcos descargan carbón mineral y piezas de recambio para el funcionamiento de la alcoholera.

Publicado en el programa de la Feria y Fiestas de San Pedro Alcántara 2015.


No se imaginaba el alférez Eduardo Sánchez Llanos (1891-1937), comandante del puesto de la Guardia Civil de San Pedro Alcántara, a comienzos del verano de 1936, cuál iba a ser su trágico destino en los próximos seis meses.
Sánchez Llanos había llegado a esta localidad a finales de 1935, después de recorrer el territorio español de norte a sur, siguiendo la estela de sus ascensos, desde La Coruña como guardia de segunda clase de Caballería en 1914, pasando por Toledo, Córdoba ó Burgos, adonde llegó con la graduación de sargento en 1928.
Un itinerario ligado al lugar de nacimiento de sus hijos, fruto del enlace con María Sánchez Quesada, natural de Pozuelo de Calatrava (Ciudad Real), como él. Así, Eduardo había nacido en La Coruña en 1916, Mateo en Cuenca en 1917, Cándido en Almagro en 1920 y Carmen también en Almagro en 1921, Miguel en Benamejí en 1929 y Federico en Tomelloso en 1931.
Vivía con su familia en la calle Revilla (actual acera sur de la plaza de la Iglesia), junto con el resto de guardias civiles del destacamento, cuando se produjo la sublevación contra la República el 18 de julio de 1936. Al igual que ocurrió en la mayoría de los cuarteles de la Guardia Civil de la nación, se mantuvo expectante en los primeros momentos, tras los cuales se puso al servicio del legítimo gobierno constituido en un pueblo en el que las activas Juventudes Socialistas inclinaron desde el primer momento la balanza hacia el lado republicano.
En enero de 1937 “los vecinos compañeros obreros de la pedanía de San Pedro Alcántara” solicitaron al Ayuntamiento de Marbella que al ahora capitán Eduardo Sánchez Llanos, de la entonces denominada Guardia Nacional Republicana se le concediese el título de hijo adoptivo por haber “actuado allí en forma digna y plausible”, según recoge el acta del pleno celebrado el 13 de ese mes.
Sin embargo, los concejales, todos de Marbella y la mayoría anarquistas, se negaron argumentando que el capitán no hizo nada más que cumplir con su deber y que ese tipo de distinciones eran “costumbres anticuadas que hoy es preciso desterrar de las prácticas administrativas”. No obstante, consideraron que podían rendirle otro tipo de homenaje.
Y así se recogió en el punto 3.º del acta de la sesión plenaria, que quedó incompleta, pues en el punto 7.º sólo aparece la cifra, el resto en blanco, ya que Marbella fue ocupada por las tropas del bando nacional el 17, dos días después de haberlo hecho en San Pedro Alcántara.
Un mes más tarde, uno de los primeros condenados a muerte por los consejos de guerra en Málaga, tras la entrada de las tropas vencedoras en la capital fue el capitán Eduardo Sánchez Llanos. Junto con otros oficiales y suboficiales del Ejército, Carabineros y la Guardia Civil, fue fusilado el 12 de febrero de 1937.
Transcurrido el tiempo, su hijo Eduardo Sánchez Sánchez fue durante muchos años maestro, y director del Colegio Público San Pedro Alcántara. Una hija de éste, por tanto nieta del capitán Sánchez Llanos, Francisca Sánchez, casó con José Moreno Naranjo, también maestro, compañero en el Colegio Público La Azucarera y amigo de muchos años y a quien comenté el 23 de diciembre de 2016 (tres días antes de que falleciera durante una subida a La Concha), la intención de publicar este artículo el 13 de enero de 2017, cuando se cumplen 70 años del pleno municipal de 1937 en el que se le negó el título de hijo adoptivo al capitán de la Guardia Nacional Republicana Eduardo Sánchez Llanos.
Para más detalles puede consultarse Alcalá Marín (1988) y Prieto Borrego (en especial 1998 y 2013).

La Villa de San Luis alberga en la actualidad la Tenencia de Alcaldía de San Pedro Alcántara. Fue mandada construir por la familia Cuadra, propietaria de la colonia en la década de 1880. Su relevancia viene dada por ser uno de los testimonios arquitectónicos más notables de la antigua explotación agraria, el único de carácter civil que nos queda en la plaza de la Iglesia, situado junto al templo que da nombre a este espacio urbano.

En el artículo publicado en la revista Vivencias de Hermandad, n.º 7, pp. 44-49, año 2015, se desvelan algunas claves para conocer la historia del edificio y la de la familia que lo habitó hace ya más de un siglo, además de su municipalización en los años 40 del sigloXX:

Linda Vista. La Villa de San Luis y la familia Cuadra. PDF