Medalla del Nazareno

Insertamos el artículo sobre la historia de la “Semana Santa en San Pedro Alcántara”, de María del Pilar Murillo Marín y Jesús Alberto Domínguez Macías, publicado en el número 1 de la revista Rosa Verde, julio de 1994.

Semana Santa en San Pedro Alcántara, en PDF

Lavadero San Pedro Alcantara

Hace 50 años San Pedro Alcántara se desperezaba lentamente. Tras la larga y penosa posguerra comenzaba a reactivarse la economía, mejoraba el suministro de alimentos y otros bienes de consumo. Se construían nuevas casas en el pueblo y algún que otro chalet en los alrededores. Comenzaba tímidamente la llegada de turismo. Conozcamos, a través de breves notas, como era el San Pedro de 1956.

Al comenzar ese año las fuerzas de la Guardia Civil, pertenecientes al 37 Tercio, 137 Comandancia y 3.ª compañía, eran de 1 cabo y 7 guardias en San Pedro Alcántara; 1 sargento, 1 cabo y 7 guardias en el destacamento de Bóvedas, y de 1 cabo y 6 guardias en la cercana colonia de El Ángel. En total 24 efectivos. Además, el cuartel de San Pedro disponía de dos caballos.

En enero visitó el pueblo el obispo auxiliar de la diócesis, monseñor Emilio Benavent Escuín (el títular era Ángel Herrera Oria), que también estuvo en Estepona. Se le recibió con cohetes, lo que supuso un gasto de 30 pesetas; también se le pagaron a Alfonso Lozano Ruiz 20 pesetas por el almuerzo que hizo el chófer del prelado. En total 50 pesetas o lo que es lo mismo 30 céntimos de euro.

En marzo llegaron latas de mantequilla y barricas de leche en polvo para distribuir entre los niños de las escuelas nacionales. Una sobrealimentación que no venía nada mal. Unos meses más tarde, los niños y niñas que hicieron la primera comunión recibieron un desayuno sufragado por el Ayuntamiento, costó 536,50 pesetas y fue servido por Salvador Espada Moreno.

Y quien podía costearlo disfrutaba con los sabrosos buñuelos que elaboraba en su puesto Fernando Moreno Morales, que en febrero solicitó un permiso para poder seguir trabajando en la vía pública.

La falta de un sistema de saneamiento hacía que los vecinos arrojaran los desechos domésticos a las acequias de riego. La falta de salubridad originaba quejas de algunos vecinos, como Concepción Martín López, que habitaba en las Casillas Nuevas (lateral este de la plaza de la Iglesia), que se entrevistó en Marbella con el alcalde Francisco Cantos, para protestar por el vertido de basuras y excrementos en la acequia y alrededores de su vivienda. El alcalde ordenó a la policía municipal que extremara la vigilancia en tan céntrico lugar.

En marzo se hizo una reparación del lavadero, situado donde está ahora la plaza Agüera, cuya agua venía de una gran acequia por la carretera de Ronda abajo. Los materiales, abonados a Antonio Peña Jiménez, costaron 2.628 pesetas, mientras que los jornales desde los días 19 al 25 de mes supusieron 473,56 pesetas. Las sampedreñas podían seguir lavando y secando su ropa al sol.

A comienzos del año 1956 se reorganizó el servicio de impuestos a los productos de consumo, los llamados arbitrios. Se encargaban del cobro tres empleados y se instaló en el cruce con la carretera nacional una caseta de madera para controlar la entrada de mercancías a la localidad. Se pretendía acabar con el fraude, como el cometido por el conductor del automóvil oficial del Ayuntamiento de Marbella, que trajo cuatro kilos de carne desde Málaga, sin haber pagado el impuesto correspondiente.

Transcurridos 50 años se lava, se centrifuga y se seca la ropa en casa, aunque alguien eche de menos el lavadero. Hemos ganado comodidad. En cambio, con la población multiplicada un 400 por ciento entre los ríos Verde y Guadalmina, ni Guardia Civil ni Policía Nacional disponen de cuartel o comisaría en esta zona. Hemos perdido seguridad.

Historia Economica Malaga portada

Sólo Antonio Parejo, catedrático de Historia Económica y uno de los más prestigiosos historiadores industriales de nuestro país, podía abordar con tan excelente resultado una Historia económica de la provincia de Málaga (1833-2008), que así se denomina el libro que editó la Diputación Provincial este año pasado de 2009. Una historia malagueña, de la provincia y no de la ciudad, que demuestra, una vez más, el conocimiento sobre el tema del autor.

La obra nos proporciona, de una manera asequible, a través del texto y de abundantes cuadros y gráficos, y sin concesiones al localismo, en este caso provincianismo, las claves para comprender la vertiente económica de Málaga, desde su nacimiento administrativo como provincia, en 1833, hasta la actualidad.

No podía faltar una referencia a la colonia agrícola de San Pedro Alcántara. En este caso, Antonio Parejo relaciona la implantación de colonias en la provincia malagueña, con otros factores de liberalización del sector agrario, como la desamortización de tierras eclesiásticas o civiles.

Entre 1875 y 1885 se crearon en Málaga más de 200 colonias, debido a los beneficios fiscales que la legislación concedía a las mismas, repartidas por los municipios de Álora, Antequera, Coín, Marbella, Cártama, Vélez y la propia Málaga. La mayoría eran fincas de pequeñas y medianas dimensiones y cultivaban productos tradicionales, como el cereal, el olivo o la vid.

Sin embargo, las colonias más representativas fueron las promovidas por grandes propietarios en torno al negocio azucarero. Como la de El Ángel, en Marbella; la del político antequerano Francisco Romero Robledo; y la de los Larios en la costa oriental.

De todas ellas, “el caso más paradigmático fue, sin duda, el que el marqués del Duero llevaría a cabo con la creación de la colonia de San Pedro  Alcántara, la única que terminaría convirtiéndose en un núcleo urbano…”

Poder con nombre de San Pedro Alcantara 

San Pedro Alcántara, sin la preposición “de”, fue el nombre que recibió la colonia agrícola desde su fundación a mediados del siglo XIX. Así consta en los documentos relacionados con ella y conservados en el Archivo del Marqués del Duero, el Archivo del Ministerio de Agricultura, el Archivo Municipal de Marbella o el Archivo Histórico Provincial (del cual procede el protocolo notarial que hemos empleado como ilustración).

Sin embargo, en el Nomenclátor del Censo de la población de España de 1981, publicación del Instituto Nacional de Estadística que recoge los nombres oficiales de las entidades de población, aparecía San Pedro de Alcántara, sin que mediara ningun argumento que justificara tal cambio.

Igual ocurió en los nomenclátores posteriores, el del censo de 1991 y el de 2001, a pesar de las reclamaciones efectuadas al efecto por José Luis Casado, en 1994, ante el Instituto Nacional de Estadística y la Tenencia de Alcaldía de San Pedro Alcántara.

Por tanto, el nombre oficial de nuestra localidad es ahora San Pedro de Alcántara. Habrá que esperar al censo de 2011 para la rectificación. Argumentos históricos no faltan. 

Nomenclátor de 1970

Nomenclator de 1970

Nomenclátor de 1981

Nomenclator de 1981

Explicación de las imágenes:

Municipio: Marbella y superficie en kilómetros cuadrados.

Entidades: San Pedro Alcántara. Denominación: barriada.

Distancia a la capital del municipio (de Marbella a la capital de la provincia), altitud y población de derecho.

Zafra en San Pedro

Durante la zafra acudían muchos braceros de fuera a trabajar en San Pedro

A finales del siglo Diecinueve y comienzos del Veinte en la costa occidental malagueña es  escaso el número de asociaciones que recoge la historia del movimiento obrero.

El municipio de Marbella no es una excepción. Las causas hay que buscarlas por un lado en el peso demográfico del mismo, en relación con otros municipios de la provincia muchos más poblados, como es el caso de Ronda, Vélez-Málaga o Antequera, además de la capital. Por otro parte el número de industrias o explotaciones agrarias de gran magnitud eran pocas: la compañía minera Marbella Iron Ore y las colonias agrícolas de San Pedro Alcántara y El Ángel.

Este débil tejido demográfico e industrial propiciaría que los patronos pudieran controlar a los trabajadores más combativos y poner freno, con los medios de represión puestos a su disposición por las autoridades locales y provinciales, a la formación y el funcionamiento de las asociaciones de clase.

Para el caso de San Pedro Alcántara la situación sería más difícil para las reivindicaciones obreras. Los trabajadores que vivían en la colonia tenían la ventaja de un trabajo seguro y un salario fijo, pero al tratarse de una finca particular cualquier acto de indisciplina podía acarrear no sólo la pérdida del puesto de trabajo, sino también la expulsión del trabajador y su familia de la vivienda donde se alojaban y de todo el territorio de la colonia. Leer más