Autor: Viejo Pérez

«Mis paseos por la Marbella de todos los tiempos»

VII. Por la paradisiaca vega del marqués

Un desayuno que se precie debe contener un buen zumo de cítricos del Ángel, con su naranja y su pomelo. El nuestro lo incluye y nos lo tomamos en la relajante piscina «del Rodeo» antes de iniciar nuestro séptimo paseo atemporal, en este caso por el espacio sampedreño –ahora que parece tomar decisiones importantes y cobrar mayor protagonismo que en otro tiempo—.

Después del aporte de vitamina C, partimos hacia poniente sin acelerarnos en el tiempo, despacito, contemplando el paisaje. Paramos antes de entrar al pueblo, en «el Cortijo Blanco». Desde aquí alcanzamos a observar como las sampedreñas recolectan con sus manos el algodón de su vega a la vez que canturrean aquella antigua coplilla que decía: “Anda, ve y dile a Mahoma / –agüita del mar de enfrente— / que no busque el Paraíso, / porque el Paraíso es éste”. Algunos entendidos han publicado que fue por ello por lo que don Manuel Gutiérrez de la Concha e Irigoyen descubrió el «Jardín del Edén» entre los ríos Gaudaiza y Guadalmina, donde soñó con el progreso y la innovación antes de perder la vida en la batalla.

Desde el amanecer sampedreño admiramos su «Trapiche de Guadaiza», su «Granja-Escuela» y su «Chambao»; y lo bien que ha “quedao” una vez “rehabilitao” –que lo mismo miramos para atrás que para adelante—. También oímos, a lo lejos, el sonido del silbato de don Antonio Maíz –que también llegó en su seiscientos—, árbitro del partido entre el «Terror» y el «Venero» –que todo es posible en el túnel del tiempo—.

Ahora, realizamos la parada obligatoria a la entrada de San Pedro, en el kiosco de los Gambero que, en los atardeceres de este pueblo, se transforma en el «Bar Málaga». Aquí nos tomamos «un cubata libertario» porque nos ha dicho don José Castellano –en «Mi infancia en San Pedro»— que el café tardan un día en ponerlo.

Ya estamos en «la calle de en medio» ante sus ausentes palmeras. Nos llama la atención que Juan Jiménez –pretendido torero y gran emprendedor— no tenga el reconocimiento de su pueblo; sírvanos el rótulo de su tienda de muebles y electrodomésticos –la mayor de la Costa del Sol durante mucho tiempo— de merecida placa honorífica.

Seguimos por Marqués del Duero arriba hasta llegar a la plaza de la Iglesia donde aparcamos el “símbolo de una época” que nos transporta a todas ellas. En la plaza no hay un alma, solo la «Síntesis» de Espona –que espera su desahucio— y la iglesia –que le costó trece mil duros al señor marqués—. Y, es que los colonos y colonas abarrotan el interior de la parroquia para asistir a la lectura del testamento de doña Petra, la madre de don Manuel. Actúan de albaceas lectoras, cuatro hermosas damas; Silvia, María Luisa, Mari Carmen y Curri –se llaman—.

Por la calle Lagasca nos sorprende la procesión de su franciscano patrón, San Pedro de Alcántara. Seguimos por Revilla hasta el lavadero público y haciendo la rotonda de José Agüera, por «el camino de Ronda», iniciamos la subida hacia Alcuzcuz –aunque no es San José ni nos esperaran los Parladé—.

Tras descansar en la venta, y después de comernos la caza, el agua fresca del «Ingenio» nos sentó de maravilla. Seguidamente, visitamos «la Alcoholera», donde degustamos su espléndido moscatel; la tumba de la dulce Firmana, muerta “el día de las Calendas de Febrero, Martes” y enterrada, aunque era cristiana, en el «Cementerio de los Moros», espacio que, por cierto, ejerce de «play boy» desde el anochecer al alba. Espacio que, aunque oculto en el tiempo, ha permaneció después de que le pasaran por encima, al menos, un tsunami y las máquinas del Ayuntamiento –¿o quizá eran de la Tenencia de Alcaldía?—. Y con esta «linda vista» grabada en nuestras retinas, por orden del «magistrado de Salduba» –la ciudad expoliada— en la urbanización de los Mackintosh echamos «el Ancla» y nos pegamos un baño en su piscina salada, porque las termas ya están cerradas.

Más tarde nos encomendamos a la patrona de los artesanos, la diosa de la sabiduría, las artes y las técnicas de la guerra –tal vez el general aprendiese de ella—; pues, desde siempre, es Minerva la protectora de esta divina vega –como lo es de Roma—. A la caída del sol, abriéndonos paso entre «la cañadú», llegamos a la «Hacienda Guadalmina» para pernoctar en su hotel y, no sin antes de irnos a la cama, visitar sus porquerizas –decana de los campos de golf de nuestro territorio.

 

Nota del coordinador del blog:

Con permiso de Viejo Pérez, seudónimo de alguien que publica en Facebook sobre temas de Marbella, reproducimos su relato en el que enlaza con grandes dosis de conocimiento y pizcas de humor y crítica, el pasado y presente de San Pedro Alcántara. Gracias por hacernos partícipe de este paseo, caballero… o señora.

 

Con el Concierto de Villancicos que ofreció la coral Magnum Mysterium de Estepona, en el Trapiche de Guadaiza el pasado 22 de diciembre, cerró sus actividades de 2015 la Asociación San Pedro Alcántara 1860.

Con esta imagen quiero felicitar la entrada del año a los seguidores del blog y anunciarles que después de un largo parón mi intención es reanudar la actividad en el mismo. Ya se sabe de las buenas intenciones que hacemos todos durante estas fechas.

 


Por Julián Oller, Diciembre 2013

Descubrí San Pedro de Alcántara en 1960 cuando, realizando en Montejaque mi segundo Campamento de Milicias Universitarias, se me ocurrió, en un permiso de fin de semana, bajar a Marbella.

Marbella no tenía, entonces, el glamour que ahora tiene, pero para un «milicio» encerrado varias semanas en el estrecho mundo del Campamento de Montejaque, era todo un paraíso….

Recuerdo que, apenas llegado -un sábado por la tarde y en pandilla con los compañeros con los que había compartido transporte desde Ronda-, salimos a dar una vuelta por el centro de Marbella y, naturalmente, nos sentamos a tomar algo en la terraza del añorado Salduba, desparecido hace ya muchos años. Como no podía ser de otro modo, elegimos la mesa que estaba junto a otra ocupada por tres chicas de nuestra edad y, como tampoco podía ser de otro modo -éramos de infantería y siempre, por tanto, dispuestos al ataque- tratamos de llevar a cabo una aproximación….

En el curso de la conversación, mis recién conocidas amigas eran hermanas y nos comentaron que vivían en San Pedro, pero sin darnos más explicaciones.

Como una de las tres me había resultado especialmente atractiva, es decir, me había hecho «tilín» como entonces se decía, o, como ahora se dice, creo, me «molaba cantidad», tomé la decisión de hacerle una visita antes de iniciar la subida de regreso al «Campamento Montejaque santuario del honor» como decía la canción oficialista y que muchos de los «milicios» transformábamos en «santuario del horror».

Así lo hice y tomé el Portillo encargando a mis compañeros de fin de semana que me recogieran unas horas después para subir con el taxi hasta Ronda.

No sabía dónde vivía mi recién conocida amiga y, para informarme, no se me ocurrió nada mejor que, al bajar del Portillo, en la carretera, entrar en el Kiosko de Gambero -¡Cuántos recuerdos!- y hacer mis indagaciones….. Juan, creo recordar que así se llamaba, me informó debidamente: «Tú te debes referir a las sobrinas de Don Juan Robledano» y me dio los detalles necesarios para encontrarlas: justo en la plaza de la Iglesia, la casa que hay en el extremo opuesto, frente a la Guardia Civil». Y allá me fuí…..

Calle de Enmedio arriba, hasta la Plaza…. localizada la casa, localizada la hermana que me atraía…. Muy amablemente me invitaron a pasar, nos sentamos en el magnífico jardín de la casa y, mi recién conocida amiga me presentó a su familia: su madre Concha, su tía Carmen,…. su tío, D. Juan Robledano había fallecido meses antes y la familia todavía guardaba un cierto luto…. Pasamos un rato de muy agradable conversación en un jardín que parecía un trocito de paraíso…. Después, a la hora prevista, despedida para encontrarme con mis compañeros en la Plaza, no sin antes haber obtenido la pertinente autorización para repetir la visita….

Y la visita se repitió…. y dos años después, en Diciembre de 1962, en la Iglesia de San Pedro, nos casaba Don Francisco Espada.

El pasado año celebramos nuestras bodas de oro. Nuestros tres hijos, con sus esposas, y un buen puñado de nietos, estaban presentes…. Durante todos estos años, 53 desde mi descubrimiento, hemos regresado a San Pedro -residimos en Valencia- casi todos los años y he sido testigo de su evolución urbana y humana…. Trataré de recordar el máximo de ellos para irlos aportando al blog.

Julián Oller, Diciembre de 2013