Maqueta basilica

En el escaparate de la Oficina Municipal de Turismo se muestra una maqueta de la basílica Vega del Mar. Se trata de una reconstrucción idealizada efectuada hace tiempo (una fotografía suya aparece en un libro de arqueología malagueña de la década de 1940), a la que se ha añadido unas palabras del profesor de la Universidad de Málaga Fernando Wulff, que dice, entre otras cosas, que está «considerada la reina de las basílicas paleocristianas de Andalucía», destacándose lo de reina con letra negrita y cursiva.

Todo perfecto para el interesado en uno de los retazos más significativos de nuestra historia más antigua. Pero hasta aquí hemos llegado, porque al interesado se le tronchan a continuación todos sus intereses, al cortarle la posibilidad de conocer en la realidad las ruinas de la iglesia y su necrópolis.

Porque desde hace un año aproximadamente el Ayuntamiento de Marbella-Tenencia de Alcaldía de San Pedro Alcántara-Delegación Municipal de Turismo-Delegación Municipal de Cultura no tiene organizado un sistema de visitas al ciudadano residente o turista que llega, con toda su buena voluntad e ingenuidad, a la oficina turística local, para conocer los monumentos históricos de San Pedro Alcántara, o después de preguntar por ellos con insistencia en los hoteles de la zona, como nos han confirmado algún trabajador de los mismos.

Y si el interesado, perseverante él o ella, se acerca al bosquecillo de eucaliptos de la Vega del Mar se encuentra con dos vallas de alambre y una de rejas de hierro, cerrados con candados las dos más cercanos a la basílica, con lo cual no puede  verla de cerca ni leer ninguno de sus carteles explicativos.

Si alguien pensaba que el triple recinto de seguridad era para proteger el monumento está equivocado. Las vallas, los candados y las cadenas son para impedir que podamos entrar en el antiguo recinto sagrado, conocerlo y disfrutar de él. Han convertido la basílica en una reina encadenada.

Basilica candado

Bovedas, exterior e interior, 1930

Exterior e interior de Las Bóvedas. Pérez de Barradas, 1930

La inquietud de un ingeniero de la Sociedad Colonia de San Pedro Alcántara, José María Martínez Oppelt, por averiguar algo más sobre los objetos que los obreros de la empresa encontraban en el curso de sus labores en el campo, le llevó a excavar en diversos lugares de la finca durante los años 1915 y 1916.

Los resultados de sus pesquisas se publicaron primero en un artículo de la revista Por esos mundos (reproducido en la sección de Yacimientos arqueológicos de este blog, 18 y 19 de junio de 2008), y posteriormente, en 1930, en una memoria que redactó el arqueólogo José Pérez de Barradas que había acudido a San Pedro Alcántara, a requerimiento de la Sociedad propietaria, para completar los trabajos de Martínez Oppelt.

Pérez de Barradas destacaba tres puntos de interés en el latifundio:

1. Las Torres, en término municipal de Estepona, donde se encontraron los restos de una villa con una termas, varias habitaciones pavimentadas con mosaicos y una cabeza de mármol blanco de gran calidad.

2. Vega del Mar, en término de Marbella, en la orilla izquierda del arroyo del Chopo, donde apareció una necrópolis además de otros restos arqueológicos.

3. Las Bóvedas, también en término municipal de Marbella, en la orilla derecha del arroyo del Chopo, un edificio que  consideró no como unas termas, sino como un depósito de agua elevado para suministro de la ciudad de Silniana (así lo escribía él), tanto para consumo humano como para la industria de salazón.

 Lucernas de Las Bovedas, 1930

Lucernas encontradas en Las Bóvedas. Pérez de Barradas, 1930

En 1930 José Pérez de Barradas volvía a San Pedro Alcántara, para exhumar sistemáticamente la necrópolis de Vega del Mar, al tiempo que descubría la basílica paleocristiana, toda una joya del periodo de transición entre el mundo romano y el visigodo, entre la Antigüedad y la Edad Media.

Este importante hallazgo quizá fuera la causa de que se dejara sin excavar de forma exhaustiva las termas de Las Bóvedas. Sin embargo, como resultado de algunas catas exploratorias se encontraron cerca de ellas depósitos de fábricas de garum, muros de otras construcciones y abundantes tégulas e ímbrices, además de restos de ánforas, trozos de terra sigillata y de cristal, monedas y anzuelos de bronce.

Asimismo, en su alrededor se constató la existencia de un acueducto, dibujado en un plano que puede verse en el artículo de José Luis Casado sobre la ciudad romana de Cilniana publicado en este blog  (sección Yacimientos arqueológicos de este blog, 18 de diciembre de 2009).

Continuará

Bovedas Perez Bayer

Las Bóvedas. Francisco Pérez Bayer, 1782

Desde hace siglos, eruditos, historiadores y viajeros nos legaron, a través de sus escritos y dibujos, su impresión sobre Las Bóvedas.

Uno de los primeros testimonios que conocemos es el del historiador rondeño Macario Fariñas del Corral, que en un manuscrito de 1663 que se conserva en la Real Academia de la Historia, titulado Tratado de las Marinas desde Málaga a Cádiz y algunos lugares sus vecinos según fueron en los siglos antiguos, dice de las termas:

«Este sitio parece ser unas ruinas romanas, que están a dos leguas de Marbella camino de Gibraltar. Llámanle las bóvedas, porque hay aquí unos acueductos por debajo de tierra de más de media legua de largo, y allí junto unas salinas, aunque no se benefician, que parece dieron el nombre de Salduba.»

Como se puede apreciar, Fariñas identifica Las Bóvedas con la ciudad de Salduba. Opina que este nombre deriva de las salinas que se encontraban allí, que en su tiempo estaban abandonadas, aunque en realidad se trataba de pilas de garum, una especialidad de pasta de pescado en salazón, que se exportaba desde la costa malagueña a los lugares más remotos del Imperio romano.

Un siglo después, exactamente el 9 de agosto de 1782, pasó junto a las termas Francisco Pérez Bayer, y las describe en su Diario del Viaje de Andalucía y Portugal, como un edificio octogonal hecho con piedras pequeñas, pero que unidas con arena y cal forman un durísimo hormigón. Pérez Bayer le atribuye al edificio un parecido con el templo o Panteón de Agripa de Roma. Lo mandó dibujar, tal como lo reproducimos aquí, gracias a la gentileza de Francisco Javier Albertos Carrasco, que nos hizo llegar la copia del grabado que se conserva en la Real Academia de la Historia.

Entre otras referencias del siglo XIX, de autores españoles y extranjeros, podemos citar la de Juan Agustín Ceán-Bermúdez, que en el Sumario de las antigüedades romanas que hay en España, publicado en Madrid en 1832, recoge los dos elementos que eran visibles en esos años, el edificio de las termas y el acueducto cercano. O las del inglés Richard Ford, que en 1844 publicó The hanbook for travellers in Spain, donde también cita Las Bóvedas con los arcos romanos de su acueducto.

Continuará

Bovedas Wyngaerde detalle

Las Bóvedas. Anton Van der Wyngaerde, 1567

Las condiciones físicas de la actual Costa del Sol malagueña: suelo regado por numerosos ríos, clima benigno y buenas comunicaciones marítimas, así como su situación en un lugar estratégico entre Europa y África, a la entrada del Mediterráneo, hicieron que fuera una comarca poblada desde la Antigüedad. Así lo demuestra la existencia de abundantes vestigios romanos, correspondientes a villas, y también a poblados, como Suel, Cilniana, Salduba y Barbésula.

Localizadas Suel en Fuengirola y Barbésula en la desembocadura del río Guadiaro, queda por concretar el emplazamiento de Salduba y Cilniana. Para muchos investigadores la ubicación de esta última podría estar en la desembocadura del arroyo del Chopo, cercano a la localidad de San Pedro Alcántara, dado la existencia de hallazgos arqueológicos en ambas orillas, en torno a dos yacimientos de especial interés: las termas romanas de Las Bóvedas y la basílica paleocristiana de Vega del Mar, con una cronología que comprende desde el siglo II hasta el VII.

De las termas romanas de Las Bóvedas, de lo que significan y de su conocimiento a través del tiempo, es de lo que nos vamos a ocupar en este artículo.

El primer testimonio gráfico de ellas lo tenemos en una sugerente perspectiva de la comarca de la costa occidental malagueña, plasmada por el dibujante flamenco Anton Van der Wyngaerde en el año 1567. El artista, con exactitud topográfica, trazó en el dibujo titulado «La costa de África» una visión que podría corresponder a una actual fotografía aérea, desde la punta de Calaburras hasta más allá del estrecho de Gibraltar. Además del litoral malagueño supo recrear de forma pormenorizada la costa africana, y entre ambos el Mediterráneo, siempre presente en nuestro paisaje, uniéndonos al continente vecino.

Bovedas entre Marbella y Estepona Wyngaerde

Las Bóvedas entre Marbella y Estepona. Anton Van der Wyngaerde, 1567 

Lo que nos interesa destacar de este panorama «facti ad vivum» por el dibujante que trabajaba a las órdenes de Felipe II, es que en el espacio vacío entre las poblaciones amuralladas de Marbella y Estepona aparece una única construcción, pero lo suficiente llamativa para que el artista le prestara atención y la representara en su dibujo: se trata de las termas romanas de Las Bóvedas, a 2 leguas de Marbella y a 3 de Estepona.

La construcción aparece junto al trayecto final de un acueducto -actualmente desaparecido-. Por suerte, el edificio principal de los baños ha logrado mantenerse hasta nuestros días con sus grandes dimensiones, constituyendo una muestra de un pasado esplendoroso y referencia obligada para eruditos y viajeros.

Mapa Cilniana 

En febrero de 1982 un grupo de personas interesada por la difusión de la cultura local, y en especial por su historia, al frente del cual se encontraba el concejal delegado de Cultura del Ayuntamiento de Marbella Rafael García Conde, sacaba a la luz el número 1 de una revista.

La revista se llamaba, y se llama, Cilniana. Antes la editaba el Ayuntamiento (con alguna laguna temporal llegó hasta el número 7 en 1989) y desde 1996 la edita la asociación del mismo nombre, habiendo llegado al número 21. Todo un logro, dado el carácter comarcal de su contenido y la falta de financiación, en la andadura actual, por parte de organismos oficiales. En la actualidad goza de un bien ganado prestigio académico y es fuente ineludible para el estudio de la costa occidental malagueña.

El número 1 se abría con un artículo de José L. Casado Bellagarza, «Cilniana, ciudad romana», a modo de explicación y justificación del título de la cabecera. El autor recogía las distintas opiniones sobre la ubicación de dos poblamientos romanos: Salduba y Cilniana, no localizados exactamente por la arqueología, y que según las fuentes clásicas se encontraban entre dos localidades bien identificadas: Suel (actual Fuengirola) y Barbésula (en la desembocadura del río Guadiaro).

Entre esas opiniones son mayoría las de los investigadores que se decantan por situar Cilniana en las conocidas ruinas romanas de San Pedro Alcántara, a uno y otro lado del arroyo del Chopo, que contienen las termas de Las Bóvedas y la basílica paleocristiana de Vega del Mar con su necrópolis, además de diversos restos hallados en sus inmediaciones como acueductos, hornos o factorías de salazón, en una secuencia que abarca quinientos años de ocupación.

Cilniana, ciudad romana. Artículo en PDF

Planos de los restos de Cilniana, según  José Pérez de Barradas:

   Plano general Cilniana Plano general

  Plano entorno Basilica Entorno de la basílica Vega del Mar

Plano entorno Bovedas  Entorno de las termas de Las Bóvedas