EL LAZARETO
Es el barrio situado al norte del actual mercado municipal. Definido como lugar para aislar a infectados o sospechosos de enfermedad contagiosa, no hay noticias de su utilización, que podía haber sido para personas pero también para poner en cuarentena animales de la colonia.
En 1924, según el padrón municipal de habitantes, vivían en el Cortijo del Lazareto Fernando Lara Vázquez, de 33 años, con su esposa, Isabel Lara Sánchez, de 25 años, y sus hijas María y Antonia, de 4 y 2 años.

FAMILIA NUMEROSÍSIMA
En el padrón de 1924 el matrimonio formado por Francisco López Rosa, nacido en 1871, y Antonia López Barrera, en 1875, constan con un total de 12 hijos: Manuel López López, Francisco, Miguel, Teresa, Ana, Isabel, Encarnación, Dolores, Rosa, Carmen, Vicente y Rosaura, con fechas de nacimiento entre 1896 y 1929, de los cuales cuatro eran varones y el resto mujeres. Vivían en “Almacén de la playa”.
En 1935 el matrimonio continúa en el mismo lugar de residencia. La esposa está consignada con el nombre de Agustina. La ocupación del padre parece haber mejorado, pues pasa de “campo” en el padrón anterior a “guarda” en este último. Una de las hijas, Teresa, ya no consta en el listado familiar.
En 1945, domiciliados en Las Bóvedas (al parecer seguían residiendo en el almacén citado), el grupo se reduce a la madre, inscrita entonces como Angustias López Barrera, ya viuda y con 70 años (ó 75), que vive con sus hijos Manuel, Miguel, Vicente y Rosaura. En la misma zona también está registrada una de las hijas, Isabel López López, casada con Juan Gambero Pérez, que tienen tres hijos: Antonio, Francisco y Dolores. De igual modo, otra hija, Carmen, forma otro núcleo familiar.
Hay que aclarar que igual que el nombre de la madre, las fechas de nacimiento sufren variaciones en algunos recuentos poblacionales.

PESCADORES
Encontramos por primera vez esta ocupación en el padrón de 1950. Así aparece inscrito Felipe Santisteban Vázquez, de 43 años, casado con Ascensión Donoso Valero, tienen cinco hijos: Francisco, Joaquín, Ana, Luisa, Felipe y María del Carmen.
También se dedica a la pesca José Pérez Nieto, de 55 años, casado con Isabel Martínez García, con cuatro hijos: Isabel, Narcisa, Ramón y Natividad. El único varón, Ramón Pérez Martínez, de 17 años, consta asimismo como pescador.
Al igual que Juan Gambero Pérez, de 48 años, casado con Isabel López López, y que tienen cuatro hijos: Antonio, Francisco, Dolores y Juan.
Todos ellos están domiciliados en el “Almacén de la playa”, donde actualmente se encuentra el Restaurante El Ancla.
Por otra parte, en “Santa Ana”, viven tres pescadores. Se trata de José González Torre, de 55 años y su hermano Cristóbal González Torre, ambos viudos. Y un hijo del primero, Francisco González Carrillo, de 21 años.

El abastecimiento de agua en San Pedro Alcántara en el año 1964 constaba de un pozo en Fuente Nueva y una perforación en los Catalanes, y el agua se conducía a un depósito situado en la misma zona de los Catalanes, para distribuirla a continuación a través de las calles del pueblo.
Además, otra perforación en la calle Marqués del Duero completaba el abastecimiento, llevando el agua directamente a otros abonados, cuyo número total ascendía a 328, que pagaban una tarifa de 2,50 pesetas el metro cúbico para particulares y 5 pesetas los industriales.
Durante los meses de agosto y septiembre había cortes de agua de 5 a 6 horas al día, y en muchas zonas de San Pedro Alcántara todavía no existía suministro de agua corriente, contando la población con un lavadero y una fuente pública en la plaza. Problemas mayores que los existentes en Marbella.
Información procedente de un informe existente en el Archivo Municipal de Marbella.

Reses vacunas en los campos de la colonia. Taller de Historia Local del Centro de Educación de Adultos Rosa Verde

El ganado era importante en la colonia desde sus comienzos, en especial el ganado vacuno, criado para carne pero también utilizado para el trabajo, como el transporte en carretas o las faenas de arado.

De este modo, los veterinarios eran imprescindibles entre el personal adscrito a la finca.

 En 1910, según el padrón existente en el Archivo Municipal de Marbella, ocupaba este puesto Miguel Domínguez Espino, de 60 años y que había nacido en Palencia. Casado con Francisca Blanco Mateos, de 62 años y natural de Cebreros (Ávila). Tenían un hijo, Martín Domínguez Blanco, de 26, nacido en Madrid y de profesión empleado. Con ellos compartía la casa número 12 de la calle Lagasca una sobrina, Josefa García Blanco de 22 años, natural de Cebreros, que acabaría casándose con su primo Martín.

 Miguel Domínguez vivió en San Pedro Alcántara al menos entre 1885 y 1915, según se puede comprobar en otros documentos. Con anterioridad había desempeñado su labor en la plaza de toros de Málaga, según la información facilitada por su biznieto Miguel Peral Domínguez.

Formaba parte de la Comisión local de la Cruz Roja, constituida en 1907. Por lo cual debe de encontrarse entre las personas que posan en la fotografía, publicada en este blog.

 

 

No defrauda el número doble de la revista Cilniana, 28 y 29, correspondiente a los años 2018 a 2020, editada por la asociación del mismo nombre. Como acentúa el coordinador de la publicación y presidente de la asociación en la introducción, Francisco de Asís López, desde 1982 la revista se ha convertido en un referente para historiadores o interesados por el patrimonio histórico de la comarca de la costa occidental malagueña.
En nuestro ámbito, nos interesan en especial dos artículos. El primero es de Daniel Moreno Fernández, “Las Bóvedas. Un nuevo concepto en termas romanas”, donde aporta su teoría acerca de la aportación de agua en forma de ducha a las salas del establecimiento termal, lo cual lo convierte en un edificio singular, característica que añade a conservar la cubierta después de casi dos mil años de antigüedad. Completa el estudio unos sugestivos planos de reconstrucción ideal del monumento.
El otro artículo es del arqueólogo Miguel Requena Cueto, “Una revisión de algunos elementos estructurales de la Basílica de Vega del Mar. Nuevas perspectivas sobre su funcionalidad”. En él rompe con la idea de que el ábside principal era el del oeste, el que está junto a la pila bautismal, y con el apoyo de bibliografía reciente traslada el llamado santctuarium al ábside contrario, el de levante. También, al conjugar bibliografía y trabajo de campo, redescubre elementos como un tercer ábside o el antiguo nivel del pavimento.
Los títulos de los demás trabajos los puede advertir el lector en la fotografía de la portada, dibujo de una vasija de Vega del Mar por Javier Soto. En uno de ellos, el referido a la organización sindical en el municipio durante el franquismo, de Ana María Rubia Osorio, se encuentran datos de propietarios agrarios de San Pedro Alcántara, como Carlos Mackintosh o Norberto Goizueta, jefes de la Hermandad de Labradores de Marbella en 1941 y 1943 respectivamente.

En 1979, en San Pedro Alcántara, como en el resto de España se votaba en abril a los representantes del primer ayuntamiento de la democracia, aunque en este caso el consistorio estuviera a 10 kilómetros de distancia: el Ayuntamiento de Marbella. Constituido por diferentes y variados partidos políticos, el candidato socialista obtuvo la vara de mando, aunque alejado de la mayoría absoluta.

Decisiva en esta victoria fue el electorado de San Pedro Alcántara, que se decantó masivamente por esta opción política. Como consecuencia, su líder indiscutible, Manuel López Gómez, se puso al frente de la Tenencia de Alcaldía. Sin embargo, el objetivo de Manuel López era más alto. Refrendado por el programa socialista en el ámbito municipal, pretendía, al igual que muchos sampedreños, la segregación para formar un nuevo municipio.

En el programa de la feria de 1979, su presentación lo dejaba claro desde el primer momento, “Sólo unas palabras de saludos a los vecinos de este querido pueblo de San Pedro Alcántara y mi deseo de que paséis unos días de alegría y sana diversión”.

Pueblo frente a barriada. Era una distinción clave. Porque barriada era la denominación administrativa oficial, pero también la ofuscación del ayuntamiento franquista y de otros poderes fácticos para dejar meridianamente clara la relación de subordinación entre la capitalidad del municipio y la en otros tiempos colonia agrícola.

El tic de los rancios gobernantes de la dictadura lo adoptó el Partido Socialista, con una contumaz defensa de la unidad municipal. Perder el apoyo en las urnas de San Pedro Alcántara hubiera acarreado el del gobierno de Marbella, joya destacada de la estadística de triunfos en el conjunto del país.

Quien no cambió de postura fue Manuel López, que seguiría pugnando hasta su fallecimiento, en 2019, por conseguir un ayuntamiento para San Pedro Alcántara. En el programa de la feria de 1979, seis meses después de las elecciones municipales, ya reivindicaba. Su portada llevaba el escudo del marqués del Duero, para invocar la historia particular a través de la relevancia del fundador de la colonia.

El escudo del programa no tiene firma, pero quizá su autor fuese Fernando Alcalá, ya que en el su libro San Pedro Alcántara. La obra bien hecha del Marqués del Duero, impreso en enero de 1980, dibuja un escudo similar (varían algunos detalles, por ejemplo los leones rampantes miran al blasón, mientras que los del programa miran al frente), y hace referencia al libreto de las fiestas.

Este escudo lo usó la Tenencia de Alcaldía, hasta que en 1986 se convocó un concurso para que la población, perdón barriada, tuviese un blasón distinto al de su fundador, descartando el antiguo emblema de la colonia, donde aparece el santo rodeado de aperos. Certamen que ganó Alcalá, con el escudo que se aplicaría desde entonces.

Sin embargo, se empleó y se emplea de forma alegal, ya que las normas autonómicas sólo reconocen un escudo por municipio. Y se utiliza de forma intermitente, ya que algunos concejales y concejalas, alcaldes y alcaldesas, proscribieron dicho símbolo del pueblo, perdón, barriada, ya que suponía una afrenta casi subversiva al poder que se encarnaba en ellos y emanaba de la plaza de los Naranjos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aunque es necesario aclarar, que el escudo de la feria de 1979 no era exclusivo del marqués del Duero, sino que también lo ostentaba su hermano José, marqués de La Habana. Así se muestra en documentos emitidos por este último, siendo capitán general de la isla de Cuba.

Este escudo familiar de los hermanos Gutiérrez de la Concha e Irigoyen de la Quintana, donde se simbolizan sus apellidos en la parte central, entre ellos cinco conchas, es el que labró en piedra Juan Galiano Muñoz, y que se encuentra desde 1983 en el Paseo de las Palmeras. Un hijo suyo, David Galiano, destacado en el arte audiovisual, pregonará este año de 2019 la feria de la ciudad, perdón, de la barriada. Felices fiestas a todos.