Verano de 1924, Rafael Gregorio Robledano Ruiz logra una de las cincuenta plazas de mecánico de aviación convocadas por el Ministerio de la Guerra. En su haber contaba con experiencia en la maquinaria agrícola e industrial de la colonia de San Pedro Alcántara. Con 18 años necesitó de la autorización de su madre, Antonia Ruiz Marcelo, viuda del médico Pablo Marcial Robledano Egaña, para incorporarse a la vida militar, y dejar su hogar en el barrio de El Ingenio, donde su hermano Juan Robledano Ruiz, químico, era el responsable de la destilería.
Al finalizar el contrato de cuatro años como mecánico de aviación, se examina para piloto y tras acabar el curso, en mayo de 1929 consigue el ansiado título en la Escuela de Albacete. Ha cumplido hace un par de meses 23 años y de estas fechas debe de ser la foto que nos envía su sobrina Antonia Robledano Donoso, desde Chile, ya que en el emblema que luce en su guerrera sobre las alas se aprecia la corona real, que sería sustituida por la republicana en 1931.
El joven aviador pasa por varios aeródromos del país, pilota aviones de distintas clases, hace cursos de perfeccionamiento y asciende a cabo. En julio de 1936, mientras pasaba sus días de permiso en San Pedro Alcántara, en casa de su hermano Juan, convertido en administrador de la colonia, ocurre el golpe militar contra el Gobierno de la Segunda República. No podía imaginar que se iniciaba una guerra civil que duraría tres largos años y cambiaría su forma de vida, al igual que la de millones de compatriotas.
Incorporado a la Aviación republicana, participa en numerosas misiones y con más de 200 horas de vuelo es ascendido a teniente y propuesto a la Medalla del Valor. Pero quizá su misión más querida fue una que era recordada por los más ancianos de San Pedro Alcántara. Consistía en sobrevolar el pueblo a baja altura en forma de saludo a sus vecinos (de septiembre de 1936 a enero de 1937, cuando estaba bajo el control republicano) y muestra de apoyo a su hermano Juan, que colaboraba en la gestión de la finca con el Comité Obrero que se había incautado de ella.
Terminada la guerra, Rafael fue condenado a 30 años de prisión, de los cuales cumplió tres y medio. Al salir de la cárcel en 1941 volvió a San Pedro Alcántara, donde encontró el amparo familiar en la casa de la plaza, que ya comenzaba a denominarse de Robledano en vez de Casa de la Administración.
Tuvo que pasar mucho tiempo para que con la llegada de la democracia a España se le reconociera, en 1978, el grado de comandante, como si hubiera continuado en activo hasta entonces en el Ejército del Aire.
El comandante Rafael Gregorio Robledano Ruiz pasaba temporadas en Barcelona donde tenía el calor de su hermana Juana y su familia. Allí murió el 3 de marzo de 1984, pocos días antes de cumplir 78 años de edad.
Fuentes en Archivo Municipal de Marbella y Archivo Histórico del Ejército del Aire.

 

Publicado por JUAN ORDÓÑEZ el 18 de julio de 2021 en el grupo de Facebook “Estepona historias de ayer y hoy” y en “Historia de San Pedro Alcántara”

El señor de la izquierda, con abanico y bigote, era Pablo Marcial Robledano Egaña, médico; a su derecha está su esposa, Antonia Ruiz Marcelo. El niño que está de pie delante de ellos con traje oscuro y chorrera blanca era su hijo Juan, quien se convertiría en el último administrador de la colonia de San Pedro Alcántara. La señora sentada en el suelo, con traje negro, era Ana Luque Davalie, su esposo está de pie en el centro, con barba y de perfil, se trata de Rafael Ruiz Marcelo, quien fue juez suplente de Marbella en 1932.

Pablo Marcial Robledano Egaña fue médico en Estepona, San Pedro Alcántara y Marbella. En Estepona vivió en calle Castillo, 37 y en Marbella en calle Álamo, 3.

Según el profesor Casado Bellagarza, fue médico en San Pedro Alcántara entre los años 1889 y 1894. He localizado en los anuarios de la época, que entre 1899 y 1902 aparece como médico en Estepona y entre 1903 y 1908 en Marbella, aunque ya había fallecido en 1907, a los 43 años de edad. Fue inhumado en el cementerio de Marbella junto a su esposa. Al pasar los años, la sepultura quedó abandonada y un familiar de Carmen González-Villalobos, esposa de su hijo Juan, los incineró y trasladó las cenizas a un columbario de la parroquia San Manuel y Virgen de la Peña en Mijas.

Tuvo varios hijos: Juan Robledano Ruiz, José María, Pablo, Francisco, Juana y Rafael.

Juan fue el último administrador de la colonia de San Pedro Alcántara y el encargado de la parcelación y venta del latifundio en el segundo tercio del siglo XX.

Rafael, aviador republicano, prestó sus servicios, entre otros destinos, en la Escuela de Caza de Lorca (Murcia) durante la Guerra Civil; finalizada la contienda, fue represaliado y condenado a 30 años de prisión, de los que cumplió 3 años y medio.

En 1914, José María con solo 14 años emigró junto a Pablo, su hermano gemelo, a Chile.

Fuentes: Archivo fotográfico: Aurora Robledano; tesis doctoral «La colonia agrícola de San Pedro Alcántara 1857-1910» de José Luis Casado Bellagarza; blog rosaverde.com; grupo de Facebook “Historia de San Pedro Alcántara”; Aurora Robledano e investigación propia.

Paulino Arias Juárez (1888-1956), se graduó como ingeniero agrónomo en la Escuela de Madrid en 1913. Al año siguiente se incorporó a la Granja Escuela de Jerez de la Frontera.
En este municipio también dedicó sus esfuerzos a la dirección de la colonia agrícola de Caulina, publicando algunos trabajos sobre la misma. Asimismo, en otros artículos abordó diversos temas, como los cultivos y la ganadería en el entonces Marruecos español, así como de otros relacionados con riegos, industrialización de los productos del campo, o las pasas de Málaga, siendo su último aportación a un Congreso Internacional un estudio sobre el azúcar de caña, editado en 1954, dos años antes de su muerte.
En el ámbito profesional tuvo un gran reconocimiento, y desempeñó importantes cometidos en la empresa privada y en el ámbito estatal.
En los años treinta se incorporó a la Sociedad General Azucarera de España. Entre otros destinos sería el máximo responsable de la colonia de San Pedro Alcántara, de donde marcharía en abril de 1933, para incorporarse como vocal representante de los ingenieros agrónomos al Comité Ejecutivo del Instituto de Reforma Agraria.
En 1941 se trasladaría de nuevo a Málaga, esta vez al Centro de Cultivos Subtropicales del Instituto Nacional de Investigaciones Agronómicas.
Como director de la colonia de San Pedro Alcántara tuvo la máxima responsabilidad sobre el latifundio, sus cultivos, sus trabajadores. Además, su buena posición económica (se conocen fotos de su estupendo automóvil), en una finca que se convertía en jardín en torno a las viviendas de los dirigentes en la plaza principal, debió de proporcionarle, a él y su familia, una confortable estancia.
Una muestra de su integración en la vida cotidiana de la localidad se vislumbra en la primera comunión de sus hijos Carlos Manuel y María Cruz, que tuvo lugar en la “iglesia de la colonia” el 12 de mayo de 1932.
Sin embargo, este año se tornaría triste en lo personal, con el fallecimiento de otra hija el 3 de septiembre, con sólo siete meses de edad, María Carmen Arias Martínez, cuyos restos reposan en el cementerio de la antigua colonia agrícola de San Pedro Alcántara.

El chófer Esteban Guillén con el coche de Paulino Arias, director de la colonia, en la puerta de la iglesia. Archivo Familia Durán Mora.

 

Ricardo Soriano, promotor del Hotel El Rodeo en la década de 1940 y uno de los pioneros de la Marbella turística, fue detenido en San Sebastián el 25 de marzo de 1936 en relación al atentado cometido el 12 de ese mes por falangistas contra Luis Jiménez de Asúa, uno de los penalistas más destacados del siglo XX, diputado del PSOE y vicepresidente del Congreso. Según los periódicos de esos días, se le acusaba de prestar su avioneta para que algunos de los implicados en el ataque escaparan a Francia. Conducido a Madrid, Soriano fue puesto en libertad el día 27.
Antonio Rivero (2019), en “El ausente. La novela de José Antonio Primo de Rivera”, donde narra los tres últimos años de vida del fundador de la Falange, recrea una conversación de Ricardo Soriano con Juan Antonio de Ansaldo, “rico aviador y playboy” (Preston, 2013 y 2019) —en esto coinciden los dos interlocutores—. Ansaldo, organizador de las escuadras terroristas Falanges de Sangre, le pide a Soriano su avioneta para huir a Francia con algunos de los participantes en el atentado, que si bien no logró el objetivo de asesinar al diputado socialista acabó con la vida del policía de escolta.
Este apoyo del reconocido e ilustre vecino de Marbella a los conspiradores en el golpe de estado del 18 de julio contra el Gobierno republicano no es novedosa. Ya Ana María Mata (2005), en su novela biográfica “Un hombre para una ciudad. Ricardo Soriano”, indicaba que se alineó con los sublevados debido a sus intereses económicos, así puso sus aviones a disposición de los franquistas en el frente del Norte, a cambio cuando acabó la guerra recibió el reconocimiento de los vencedores.
De todas formas, no resulta extraño que Soriano, como terrateniente y millonario, estuviera entre los elementos derechistas que apoyaron la sublevación militar. Además, como noble, el marqués de Ivanrey coincidía en estatus con el jefe supremo de los falangistas, ya que Primo de Rivera era marqués de Estella. Nombre actual de una calle de San Pedro Alcántara, algo inexplicable después de más de cuarenta años de democracia y de la promulgación de diversas normas sobre Memoria Histórica.

El historiador José Luis Casado con la Alcoholera al fondo, en el barrio de El Ingenio. JOSELE

JOAQUINA DUEÑAS, DIARIO SUR, 1 DE ABRIL DE 2021

El barrio de El Ingenio es uno de los más populares de San Pedro Alcántara. Pocas calles de casas familiares que cuentan con una larga historia nacida a la sombra de la caña de azúcar. Todo empezó en 1860 cuando arranca la colonia de San Pedro con fincas que El Marqués del Duero había ido comprando desde la zona de El Rodeo en Marbella hasta Guadalmansa en Estepona, incluido parte de Benahavís. Un total de 3.340 hectáreas que se repartían más o menos a partes iguales entre los tres términos municipales. José Luis Casado es historiador especializado en San Pedro y ha trabajado durante años sobre La Alcoholera, germen en este barrio. Él es quien explica cómo «tras años exportando la caña de azúcar llegan a la conclusión de que es más rentable moler aquí la caña y vender directamente el azúcar, así que en 1871 empieza la fábrica y la alcoholera».

Un recinto industrial que incluía, además de la fábrica, la destilería y todas las instalaciones relacionadas, viviendas para los obreros, escuela, economato, panadería y establo. En total, más de 54.000 metros cuadrados de los que ya solo se conserva la parte industrial, que actualmente se dedica a actividades culturales con un teatro y varias salas de exposiciones, una de ellas, dedicada, precisamente a su propia historia. La parte museística puede visitarse cuando La Alcoholera abre para los espectáculos teatrales o solicitando cita previa en la delegación de Cultura.
En el entorno de ese edificio histórico se desarrolló el barrio de El Ingenio que desde los inicios de los años 60 del siglo pasado, con el auge del turismo, produjo un importante crecimiento de la población y las casas de los antiguos trabajadores de la azucarera se reformaron para acoger a los nuevos empleados del turismo venidos, sobre todo, de comarcas cercanas.

Pero antes de eso, «la fábrica de azúcar recibió el nombre de ‘El Ángel’», comenta Casado, según reflejan documentos de la época «y una vagoneta llevaba, primero la caña y luego el azúcar a los barcos que esperaban en el mar porque la mayoría del transporte de mercancías, igual que ahora, era marítimo. Sólo hay que ver lo que ha pasado ahora en el Canal de Suez», sonríe «y traía carbón y los suministros necesarios». El cambio de nombre, parece que tuvo que ver con intentar evitar confusiones con la actual colonia de El Ángel. «De la melaza se destilaba el alcohol que se usaba para hacer licores o como combustible», detalla.

La zafra. La población se multiplicaba en la temporada de la zafra y se habilitaban chozas y barracones
A las tareas y al tiempo que dura la cosecha y molienda de la caña se denomina zafra. «Duraba desde marzo hasta junio y mientras los hombres se encargaban de cortar la caña, las mujeres, incluso los niños, eran encargadas de mondarlas. Una tarea dura porque las hojas de la caña son afiladas y causan bastantes cortes», puntualiza el historiador. A finales del siglo XIX, la colonia tenía 2.000 trabajadores del campo. «La gran afluencia de temporeros para la zafra causaba problemas de alojamiento para lo que se habilitaban albergues en La Granja, (en el actual Trapiche de Guadaiza), y en los cortijos de La Granadilla, Las Medranas, Cancelada o Cortes, además de chozas junto al molino harinero a la salida del pueblo», relata.

Aunque nunca fue especialmente rentable, el declive llegó con la irrupción de la remolacha para la producción de azúcar, de hecho, llegó a plantarse en San Pedro y hubo años en los que fue la única cosecha, sin embargo, las condiciones climáticas no eran adecuadas para este tubérculo y fue un fracaso. En 1915, la fábrica cierra sus puertas pero no es el final de su historia. Así lo Cuenta Casado: «1937, en la Guerra Civil, es bombardeada porque se refugiaron en ella milicianos de Ronda y del Campo de Gibraltar». Posteriormente, en 1983 la compró el Ayuntamiento y ahora puede sentirse la historia oculta entre sus muros o en su torre de destilación donde hay un moderno ascensor.