No defrauda el número doble de la revista Cilniana, 28 y 29, correspondiente a los años 2018 a 2020, editada por la asociación del mismo nombre. Como acentúa el coordinador de la publicación y presidente de la asociación en la introducción, Francisco de Asís López, desde 1982 la revista se ha convertido en un referente para historiadores o interesados por el patrimonio histórico de la comarca de la costa occidental malagueña.
En nuestro ámbito, nos interesan en especial dos artículos. El primero es de Daniel Moreno Fernández, “Las Bóvedas. Un nuevo concepto en termas romanas”, donde aporta su teoría acerca de la aportación de agua en forma de ducha a las salas del establecimiento termal, lo cual lo convierte en un edificio singular, característica que añade a conservar la cubierta después de casi dos mil años de antigüedad. Completa el estudio unos sugestivos planos de reconstrucción ideal del monumento.
El otro artículo es del arqueólogo Miguel Requena Cueto, “Una revisión de algunos elementos estructurales de la Basílica de Vega del Mar. Nuevas perspectivas sobre su funcionalidad”. En él rompe con la idea de que el ábside principal era el del oeste, el que está junto a la pila bautismal, y con el apoyo de bibliografía reciente traslada el llamado santctuarium al ábside contrario, el de levante. También, al conjugar bibliografía y trabajo de campo, redescubre elementos como un tercer ábside o el antiguo nivel del pavimento.
Los títulos de los demás trabajos los puede advertir el lector en la fotografía de la portada, dibujo de una vasija de Vega del Mar por Javier Soto. En uno de ellos, el referido a la organización sindical en el municipio durante el franquismo, de Ana María Rubia Osorio, se encuentran datos de propietarios agrarios de San Pedro Alcántara, como Carlos Mackintosh o Norberto Goizueta, jefes de la Hermandad de Labradores de Marbella en 1941 y 1943 respectivamente.

En 1979, en San Pedro Alcántara, como en el resto de España se votaba en abril a los representantes del primer ayuntamiento de la democracia, aunque en este caso el consistorio estuviera a 10 kilómetros de distancia: el Ayuntamiento de Marbella. Constituido por diferentes y variados partidos políticos, el candidato socialista obtuvo la vara de mando, aunque alejado de la mayoría absoluta.

Decisiva en esta victoria fue el electorado de San Pedro Alcántara, que se decantó masivamente por esta opción política. Como consecuencia, su líder indiscutible, Manuel López Gómez, se puso al frente de la Tenencia de Alcaldía. Sin embargo, el objetivo de Manuel López era más alto. Refrendado por el programa socialista en el ámbito municipal, pretendía, al igual que muchos sampedreños, la segregación para formar un nuevo municipio.

En el programa de la feria de 1979, su presentación lo dejaba claro desde el primer momento, “Sólo unas palabras de saludos a los vecinos de este querido pueblo de San Pedro Alcántara y mi deseo de que paséis unos días de alegría y sana diversión”.

Pueblo frente a barriada. Era una distinción clave. Porque barriada era la denominación administrativa oficial, pero también la ofuscación del ayuntamiento franquista y de otros poderes fácticos para dejar meridianamente clara la relación de subordinación entre la capitalidad del municipio y la en otros tiempos colonia agrícola.

El tic de los rancios gobernantes de la dictadura lo adoptó el Partido Socialista, con una contumaz defensa de la unidad municipal. Perder el apoyo en las urnas de San Pedro Alcántara hubiera acarreado el del gobierno de Marbella, joya destacada de la estadística de triunfos en el conjunto del país.

Quien no cambió de postura fue Manuel López, que seguiría pugnando hasta su fallecimiento, en 2019, por conseguir un ayuntamiento para San Pedro Alcántara. En el programa de la feria de 1979, seis meses después de las elecciones municipales, ya reivindicaba. Su portada llevaba el escudo del marqués del Duero, para invocar la historia particular a través de la relevancia del fundador de la colonia.

El escudo del programa no tiene firma, pero quizá su autor fuese Fernando Alcalá, ya que en el su libro San Pedro Alcántara. La obra bien hecha del Marqués del Duero, impreso en enero de 1980, dibuja un escudo similar (varían algunos detalles, por ejemplo los leones rampantes miran al blasón, mientras que los del programa miran al frente), y hace referencia al libreto de las fiestas.

Este escudo lo usó la Tenencia de Alcaldía, hasta que en 1986 se convocó un concurso para que la población, perdón barriada, tuviese un blasón distinto al de su fundador, descartando el antiguo emblema de la colonia, donde aparece el santo rodeado de aperos. Certamen que ganó Alcalá, con el escudo que se aplicaría desde entonces.

Sin embargo, se empleó y se emplea de forma alegal, ya que las normas autonómicas sólo reconocen un escudo por municipio. Y se utiliza de forma intermitente, ya que algunos concejales y concejalas, alcaldes y alcaldesas, proscribieron dicho símbolo del pueblo, perdón, barriada, ya que suponía una afrenta casi subversiva al poder que se encarnaba en ellos y emanaba de la plaza de los Naranjos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aunque es necesario aclarar, que el escudo de la feria de 1979 no era exclusivo del marqués del Duero, sino que también lo ostentaba su hermano José, marqués de La Habana. Así se muestra en documentos emitidos por este último, siendo capitán general de la isla de Cuba.

Este escudo familiar de los hermanos Gutiérrez de la Concha e Irigoyen de la Quintana, donde se simbolizan sus apellidos en la parte central, entre ellos cinco conchas, es el que labró en piedra Juan Galiano Muñoz, y que se encuentra desde 1983 en el Paseo de las Palmeras. Un hijo suyo, David Galiano, destacado en el arte audiovisual, pregonará este año de 2019 la feria de la ciudad, perdón, de la barriada. Felices fiestas a todos.

El libro El azúcar como origen. La colonia agrícola de San Pedro Alcántara (Málaga), 1860-1910, de José Luis Casado Bellagarza, editado por la Universidad de Málaga, se presentará el próximo miércoles 3 de abril, a las ocho de la tarde.

Será en el Centro Cultural de la plaza de la Libertad, en San Pedro Alcántara, en un acto organizado por la Asociación San Pedro Alcántara 1860 y en el que han colaborado el Área de Cultura y Juventud de la Tenencia de Alcaldía y la Universidad de Málaga.

La presentación la abrirá Rafael García Cruz, secretario de la asociación, e inter- vendrán Francisco Zambrana Pineda, catedrático del Departamento de Teoría e Historia Económica de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales y director de la tesis de la que proviene la monografía, y Lucía Prieto Borrego, profesora titular del Departamento de Historia Moderna y Contemporánea de la Facultad de Filosofía y Letras, y directora de la colección Studia Malacitana, donde se ha publicado la obra.

Las fuentes empleadas proceden de centros documentales de diferentes ciudades: Archivo Municipal de Marbella, Archivo del Marqués del Duero en Jerez de la Frontera, Archivo Histórico Provincial de Málaga, Archivo Histórico de Protocolos de Madrid, Archivo de la Nobleza o Museo del Ejército, ambos en Toledo.

Por otra parte indicar que el libro incluye numerosos cuadros y gráficos, referidos a la población o a la producción de azúcar y alcohol, así como imágenes, muchas de ellas a color, de mapas y fotografías, gran parte de ellas inéditas.

Resumen del libro:

Manuel Gutiérrez de la Concha, primer marqués del Duero, logró agrupar 3.000 hectáreas aproximadamente de tierras situadas en los municipios de Marbella, Benahavís y Estepona, para poner en marcha la colonia de San Pedro Alcántara, con el fin de cultivar y moler la caña de azúcar.

Está considerada como el establecimiento agroindustrial más relevante nacido al amparo de las leyes de fomento de la población rural del siglo XIX, por su extensión, número de habitantes y las innovaciones técnicas aplicadas, como el análisis de tierras, la experimentación con abonado, la extensión del regadío, el intento de establecer una granja modelo, o el empleo de moderna maquinaria.

Con posterioridad, bajo otros dueños, funcionó bajo la forma de sociedad anónima, con una participación importante de capital francés, que permitió la construcción de tres embalses y la introducción de nuevos cultivos. Finalmente, tras diversa maniobras especulativas, fue adquirida en 1910 por la Sociedad General Azucarera de España.

Comentario sobre el libro de la profesora Lucía Prieto, en su blog:

El azúcar como origen

El exterior de las fábricas azucareras más tradicionales, de caña, solían pintarse de blanco, que contrastaban sobre el verdor de los cañaverales.

En las fachadas de las más modernas, azucareras de remolacha y también alcoholeras, el color iba desde el blanco al ocre; o dejaban ver las piedras o ladrillos, cuando se construían con estos materiales. En ambos casos los contornos de puertas y ventanas destacaban por el rojo de los ladrillos de las jambas.

En ocasiones, los paramentos exteriores se dejaban con el color propio del cemento tipo Portland, que por otra parte indicaba que se había empleado este nuevo material, un avance técnico en relación con otros más antiguos.

 

En el caso concreto de la destilería de San Pedro Alcántara, según la foto en la cual se ve la chimenea, fechada hacia 1900, y que aparece rotulada con el nombre de “Fábrica de alcohol”, y las imágenes posteriores, como la que insertamos de 1982, el color de la fachada era el del cemento empleado para el enfoscado.

En la restauración ejecutada a finales de la década de 1980 se pintó de color amarillo albero, no sabemos con qué criterio. Ahora, en las obras de rehabilitación que han finalizado en 2018 se ha empleado el color gris, para intentar ser lo más fiel posible al aspecto original.

 

 

 

 

 

Hace 25 años, en enero de 1994, Miguel Nieto informaba en el diario SUR de una investigación llevada a cabo por Lucía Prieto y José Luis Casado, en la cual se ponía de manifiesto que los dos antiguos edificios situados en la entrada oriental de San Pedro Alcántara, habían sido la sede de la Granja Modelo impulsada por el marqués del Duero en la década de 1860.

Además, se daba a conocer que la escuela de agricultura se había emplazado sobre un antiguo trapiche o ingenio de fabricar azúcar, el llamado Trapiche de Guadaiza, levantado por Juan Lesseps en 1823. Por tanto, se descubría un edificio preindustrial, anterior a la fundación de la propia colonia de San Pedro Alcántara.

Artículo en diario SUR: El nacimiento de una colonia. 23 de enero de 1994

Poco después, en mayo de 1994 los historiadores Prieto y Casado presentaban un libro sobre la Granja Modelo, con amplia información de la experiencia innovadora, editado por la Asociación de Formación de Adultos y Cultura Popular Rosa Verde. Y en julio publicaban un artículo en el número 2 de la revista Rosa Verde.